Francisco J. Díaz Quintana

Psicólogo Sanitario, Infantil-juvenil y Jurídico
Publicado originalmente en La Voz Del Sur: Sábado, 9 Septiembre 2017

No tengo la costumbre de ir por la calle escuchando lo que va hablando la gente. Pero a veces es inevitable enterarse de algo. Normalmente, cuando se trata de comunicaciones sin sentido para aquellos que estamos fuera del contexto de la conversación, pasan desapercibidas o se olvidan pronto. Pero en otras ocasiones, bien por la relevancia, bien por lo inesperado de los mensajes, pueden retenerse algunas piezas dignas de analizar.

Fue el pasado miércoles. Andando por una acera estrecha, adelanto a una madre que acababa de recoger a su hijo, de unos 6 años de edad. La conversación fue la siguiente:

– Mira, acabo de venir de comprar el cuaderno que te faltaba, ya está en casa…

– ¡MIERDA! ¿Por qué has ido? ¿No te dije que quería ir?

– Pero es que me cogía de camino al salir de la frutería, y pensé que…

– ¡GILIPOLLAS! pfff…

A lo que la madre contesta, mientras me mira de reojo…

– mmmm… oye… mmmm… eso no se dice, ¿eh?…

Hijos tiranos

 

Realmente en aquel momento no pude calibrar bien si me resultó más lamentable la respuesta del niño a su madre o la de la madre al niño. Como entendí que esa señora estaba cultivando un tiranito, decidí ayudarla en su empeño, y escribí estas normas básicas en forma de decálogo, ya conocidas por muchos otros padres que han conseguido hacer de su hijo todo un dictador, y que expongo aquí por si alguien desea conseguir tan desastroso éxito:

  1. Dele todo cuanto pida, y en cuanto lo pida. Así perfeccionará su materialismo, despreciando otros aspectos menos importantes, como los afectos o las buenas relaciones. Además, usted tranquilizará su conciencia de buen padre/madre.
  2. Si acaso se le ocurrió decirle que NO a alguna petición, mantenga su postura y espere a que él insista más veces; cuando consiga que el niño le exija de los peores modos posibles… ¡Ceda! Así usted se librará de esa molestia, y le enseñará cuál es el camino que funciona.
  3. No se le ocurra poner normas de convivencia en casa o límites claros, ya que esto podría coartar su libertad, aunque no tenga aún la madurez suficiente para utilizarla.
  4. Permita cualquier falta de respeto hacia usted. Por fuerte que le parezca, aguante el tipo y haga como si nada hubiera pasado. Considere esta reacción, así como otras conductas negativas hacia su entorno, como “cosas de niños”, y espere pacientemente a que con los años desaparezcan.
  5. Atienda a su hijo/a siempre y en todo momento, pero muy especialmente cuando éste le hable gritando. De esta manera reforzará su poder sobre usted.
  6. No traumatice al niño corrigiéndole cuando se comporte mal en público o moleste a otras personas. Si usted lo aguanta 24 horas, no tiene nada de malo que otros adultos, incluso desconocidos, lo aguanten un ratito.
  7. No reconozca en público de ninguna de las maneras que su hijo se equivocó en algo; hacerlo podría suponer que el niño aprendiera que no es absolutamente perfecto y, lo que es peor aún, a disculparse.
  8. Enséñele a mentir, a ocultar la verdad, a manipular a otros adultos para conseguir lo que él quiera (“mira, tu madre te ha castigado, pero ahora que no está acércate a la cocina y coge la chocolatina, la ha escondido en el segundo cajón”).
  9. Planifique toda la vida familiar en torno al hijo/a. Recuerde que usted, su vida y sus preferencias ya no deben ser atendidas bajo ningún concepto. No consienta mayor criterio, prioridad o preferencia que la que exprese el niño. Pídale opinión absolutamente para todo, incluso para cuestiones de adultos. Y por supuesto, hágale caso.
  10. Enséñele que es totalmente catastrófico aburrirse. Vaya preparado a cualquier lugar con todo tipo de aparatos o entretenimientos pasivos, no vaya a ser que le dé por inventar juegos y volverse creativo y molesto. Recuerde que usted es el responsable absoluto de su diversión, y está obligado a proporcionársela mientras esté despierto.

Si a pesar de seguir este decálogo punto por punto no obtuviera su tirano, le animo a que pida cita con algún psicólogo/a y revise su actuación; seguramente, algo estará haciendo mal.

 

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