Francisco J. Díaz Quintana

Psicólogo Sanitario, Infantil-juvenil y Jurídico
Publicado originalmente en La Voz Del Sur: Sábado, 04 Agosto 2017

Cuando llega la noche y mis hijos se acuestan, siempre que pueden me piden que les cuente una “historia”. En realidad se refieren a un cuento, pero ellos identifican “cuento” con contarles un cuento de un libro, y cuando piden una “historia” me están pidiendo que me invente un cuento sobre la marcha para ellos. Yo desde pequeño he tenido facilidad para inventarme cuentos (eso me decía mi madre… “Fran, qué de cuentos tienes, hijo”… bueno, todavía me lo dice), y ahora que soy psicólogo y padre 2.0 utilizo esa habilidad para algo más que divertirme. El otro día, sin ir más lejos, se me ocurrió esta historia…

Contemos un cuento… o una historia

 

«Un día una mujer fue a una pastelería maravillosa. Allí tenían todo tipo de pasteles, tartas, dulces, pastas… La señora, con mucha prisa y nerviosismo, le dijo al pastelero:

– Buenas, quería una tarta porque voy a dar una fiesta, ¡quiero llevarme la mejor tarta que tenga, por favor!

– Muy bien, señora, aquí tiene esta magnífica tarta helada de San Marcos, muy apropiada para estas fechas, que sin duda agradará a…

– Sí (interrumpió la señora), parece buena tarta, pero disculpe, esa tarta no tiene virutas de chocolate, ¿tendría otra que tuviera virutitas de esas de colores?

– Ejem… (dijo el pastelero, algo contrariado), verá, señora… Le puedo enseñar esta estupenda tarta de frutas. Sobre una masa quebrada totalmente artesanal se extiende una capa de crema y sobre ella descansan estos trozos de melocotón, kiwi, fresas, y…

– Perdone, perdone, creo que no me ha entendido bien, quería una tarta con virutas de chocolate, por favor. ¿Tiene alguna?

– Mmmmmm… bueno… miraré por aquí… a ver… bien, creo que tengo lo que necesita. Tarta de chocolate con relleno de trufa y crema de avellanas, decorada con azúcar glas, una tarta digna de…

– ¿Y a esa no se le podrían echar las virutitas de chocolate? – Volvió a interrumpir. El pastelero se plantó, brazos en jarra, frente a ella:

– Lo siento, señora, es que esta tarta ES así, está hecha así, y nos parece magnífica, ¿por qué demonios tendría que tener las dichosas virutitas de chocolate? ¿No valora usted todo el buen material que le estoy presentando? ¿Sólo se va a fijar en que no hay virutas de colorines?

– Verá… es que a mí lo que más me gusta de una tarta son las virutitas, por eso necesito obtenerlas, porque en realidad lo que importa de una tarta son las virutas…

El momento de tomar una decisión

 

El pastelero, cansado de tanto inconformismo, colocó sobre el mostrador dos bandejas. Sobre la de la izquierda, puso una tarta tosca, sin decorar, y en la derecha puso unas pequeñas bolsitas. Y se dirigió a la mujer:

– Señora, llegados a este punto, estas son las dos únicas opciones que tengo para usted, y tendrá que elegir una de ellas. Aquí tiene una tarta con el mejor de los bizcochos caseros, un relleno medido y sabroso, que hace que empaste bien la tarta, y una ligera cobertura transparente. No tiene adornos, ni virutas, ni topping de nata, ni frutas en rodajas… Solo es una tarta, nutritiva y sana, de la casa, y de un tamaño suficiente para saciar al doble de sus invitados… En esta otra bandeja, tiene tres bolsitas de virutitas de chocolate. Son coloridas, crujientes… por contra, son artificiales, solo son azúcar, por tanto no nutren, simplemente divierten el momento de comerlas… Si se las lleva conseguirá lo que tanto le importa, pero sus invitados y usted misma quedarán con hambre. ¿Qué elige?

La mujer tuvo la tentación de hablar… pero reflexionó. Realmente lo ideal sería que esa nutritiva tarta tuviera sus deseadas virutitas de chocolate… Pero si tenía que elegir, sus invitados, su fiesta, su VIDA, no podía nutrirse de las mismas. Atendió y valoró la calidad del material que tenía ante sí… y tomó la decisión correcta».

Los detalles en la pareja SÍ importan, pero…

 

¿De qué va esta historia? Para niños puede significar unas cosas, pero para adultos en pareja puede leerse del siguiente modo: El idealismo del amor romántico, llevado a extremos, puede hacer que las personas pierdan el norte, como ocurre con esta mujer, que bien podría ser un hombre, perfectamente. La tarta significa la pareja: tiene una estructura, una fiabilidad, una consistencia, una firmeza… o puede no tenerla. La materia prima puede ser auténtica, casera, nutritiva… o en cambio ser industrial, artificial… Y sobre esta estructura, si existe y es firme, podremos poner los deseados “detalles”… esas sorpresas inesperadas, esos regalitos que tanto agradan, esas atenciones a veces que se salen de lo esperado, con tintes artificiosos a veces… ¡Cuánto deseamos que nuestra tarta tenga adornos preciosos y coloridos, aunque no sean muy nutritivos!

Pero la obsesión por la existencia de detalles en la pareja, algo que forma parte del idealismo del amor romántico, puede llegar a distorsionar la vista, y hacer olvidar los valores que nuestra tarta posee, que están ahí, y que parecen darse por sentado, como si no fueran importantes, cuando son el verdadero sustento de todo. Por supuesto que a todo el mundo le gusta que su tarta tenga detalles preciosos, pero no nos confundamos: las virutitas NO son la tarta, una tarta es mucho más que eso, y no valorarlo todo en su conjunto es una distorsión injusta.